14.4.04
No me gusta esperarte en el aeropuerto. Demasiadas veces quizá. Sin embargo me gusta verte salir despistada, buscándome entre la gente que se apelotona en la salida.
Cada vez que vuelves de Viena dejas, durante unos días, un rastro de magia, que yo me afano en recoger para disfrutar de una ciudad que sólo te pertence a ti.
Aquí tienes el tranvía que te dejaste.